viernes, 3 de diciembre de 2010

PASOS


No sé por dónde empezar. Escribo en la cama, escondida bajo las sábanas.  Además, trato de enviar algún mensaje desde el móvil, pero no tengo cobertura.
                      Supongo que todo comenzó hace un par de días. Al levantarme, la cabeza me daba vueltas, mareada. Desde entonces, estoy más débil. Al principio lo achaqué a una bajada de la tensión arterial, pero en la ducha, descubrí que tengo una señal diminuta en el antebrazo. Es como la marca de una inyección. Supongo que sólo es un arañazo que quizá me he hecho a mí misma, dormida, pero me asaltan las dudas.
                      Joan se coló anoche otra vez en mi cuarto para fumar. Me mostró una herida similar a la mía en su brazo. Convencido de que experimentan “otras cosas” con nosotros sin que seamos conscientes, quería que lo acompañara al interior del bosque. Explicó que un par de veces ya había salido a andar solo por ahí, con intención de escaparse. Sin embargo, lejos de encontrar el camino de regreso, había descubierto un lugar donde se reúnen los responsables del equipo. Me convenció para que fuera con él después de un tira y afloja entre ambos. Pretendía que comprobara que está pasando algo más. Joan aseguró que realizan algún tipo de ritual y que los organizadores deben de formar parte de una secta peligrosa.  
                       Ambos saltamos por la ventana y nos adentramos en la arboleda. Con frío y oscuridad la ruta me pareció muy larga. Empecé a angustiarme por la distancia e iba a pedirle que regresáramos cuando vimos a lo lejos una luz. Un candil o algo similar.
                      El equipo al completo se había reunido en un pequeño claro del bosque. Susurraban. No entendí sus palabras, repetían alguna frase con voz profunda. Como una oración. Era una cita macabra, de eso estoy segura. Allí estaban todos: el acupuntor, el luchador de sumo, el cámara risitas, el director del reportaje, los científicos. Sentí pánico. He puesto mi vida en manos de una galería de absurdos personajes. Y ninguno real.
                      Estábamos demasiado lejos para precisar detalles. Había alguien en el centro del círculo que habían formado, todos en pie. Creo que era un hombre quien estaba en el interior del anillo, quizá llevaba los ojos vendados y… ¿una soga alrededor del cuello? Sin embargo, no daba la sensación de que estuviera asustado. Aunque tampoco logré descifrar quién era, demasiados cuerpos lo ocultaban en la penumbra.
                         Joan y yo pensábamos quedarnos allí hasta deducir a qué estaban jugando, aunque en el silencio, probablemente escucharon el crujir de hojas secas que pisábamos. Uno de ellos abandonó la reunión para merodear, por lo que iniciamos un atropellado retorno antes de tiempo. Agobiados y con el corazón a mil por hora. Los ladridos de un perro y la repentina cercanía de las voces nos obligaron a correr con absoluta ceguera. Sin distinguir los obstáculos. Sin esquivar ni una piedra a tiempo. Tropezando y resbalando. Agarrándonos a la desesperada a cualquier matojo para evitar una grave caída.
                      En algún momento me perdí de Joan. No sé cómo sucedió. Sólo recuerdo que en algún instante de desconcierto, me giré, y él ya no estaba a mi lado. Creo que, sencillamente, me equivoqué y seguí andando en dirección contraria a la suya.
                      Perdida, di por hecho que me estaban rodeando. El sonido de las voces crecía. Acabé escondida entre unos matorrales. Permanecí inmóvil unos minutos, tumbada, incluso cuando la suela de una bota me aplastó varios dedos. No levanté la mirada y me mordí los labios para no gritar. Aterrorizada, sentí una respiración agitada y muy próxima. Por suerte, mi perseguidor no llevaba ninguna luz y quizá por eso no me localizó, aunque estábamos muy cerca el uno del otro. Solo me dio la espalda y esperó a los demás. Al fin, el grupo se alejó.  
                       Fue duro incorporarme y enfrentarme sola al regreso, en la oscuridad. Tuve que andar despacio para no desorientarme, con el corazón palpitando a mil por hora. En algún momento traté de correr, pero una rama me dio un latigazo en un muslo y algo con espinas me golpeó un hombro. Comprendí que el miedo no me estaba dejando pensar. Intenté recuperar la calma y orientarme.
                     Fue un alivio ver a lo lejos las pequeñas farolas encendidas que siempre hay en un porche de la entrada. Me colé de nuevo por la ventana. Al meterme en la cama, seguí temblando. Dediqué el resto de la noche a esperar a Joan, pero fue en vano.
                     Desde ese momento, el paso del tiempo se hace eterno. Me vigilan. La puerta de la habitación se abre ligeramente alguna vez. Intento fingir que no me doy cuenta.  
                    El amanecer no ha sido fácil. Estoy magullada, agotada. El peor momento ha sido esta mañana, cuando he bajado a desayunar y he comprendido que mi compañero no ha regresado. Necesitaba llorar, pero me he contenido por puro miedo. Si explico lo que ha pasado debo relatar también la escena de la que he sido testigo. No tengo valor. Para colmo, me siento culpable. Ni siquiera sé si Joan se encuentra bien o si, sencillamente, ha localizado algún camino de salida y se ha largado. Según él, lo único que localizó durante sus paseos secretos son vallas metálicas y monte cerrado.
                    El director nos ha convocado a una reunión. Ha corrido el rumor de la desaparición y alguien ha comentado que iban a dar aviso del suceso a la Policía. Estoy deseando que sea así y que llegue pronto una patrulla, que por lo menos me diga dónde estoy. Y encontrar a Joan y largarme de aquí.
                     Tengo que dejar de escribir. Oigo pasos.




2 comentarios:

  1. ........
    .........
    con razón en este nivel nadie de los que seguimos "esto" han sido capaces de escribir nada....
    ....
    .....
    ...pero...donde te has metido....???
    .....ya saben que tu estuviste con Joan...de otro modo no se entienden las visitas en la noche a tu cuarto..
    No perderé tiempo en este comentario...necesito seguir leyando....
    ...estás bien..????

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  2. Si, la historia da un giro inesperado. Pero creo que hacía falta. Y creo que después no ha ido mal, he ganado lectores...no te voy a decir si estoy bien, solo te diré que sigo aquí. jajaja

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