viernes, 26 de noviembre de 2010

ACOJONADA



Conozco cada porción de mi cuerpo donde no registro dolor aunque me pinchen con agujas. He superado con éxito mi prueba de hoy como “conejillo de indias”.
                  Bueno…no ha sido fácil. Soy dudosa en cuanto a sumisión se refiere. Han tenido que sujetarme. Primero he dicho que no. Nada más ver la cara del experto que me iba a clavar las agujas. Nadie con unas gafas de culo de vaso y dedos gruesos debería especializarse en algo tan delicado como la acupuntura. Y a todo esto, estaba en ropa interior, en un habitáculo de unos nueve metros, rodeada de cámaras. Todos mirándome mientras yo temblaba.
                     El acupuntor ha logrado que me tumbe en la camilla y me ha entregado un antifaz, para que mi mente se aislara. Pero me las he quitado unas cuarenta y cinco veces, por lo menos. Me he encogido y agitado otras tantas, cada vez que intuía que venía hacia mí. Hasta uno de los cámaras ha dejado de grabar para reírse a pierna suelta mientras yo esquivaba los pinchazos. Dos chicas del equipo me han sujetado: “es un momento, si sigues con esa actitud tendrás que abandonar la prueba.” He optado por respirar hondo y tratar de calmarme después de escuchar “verás como si pincho aquí, no sientes nada”. Y era verdad. “No siento dolor”, lo he dicho asombrada, mientras contemplaba una aguja hincada en mi muslo. Después, me he dejado hacer concentrándome muchísimo en los tres mil euros que voy a cobrar. Por lo que me han explicado, el dolor es así, no siempre tu cerebro es capaz de captarlo por algún misterio de las neuronas. Seguro que a mí me faltan, espero que no dispongan de un método para contarlas.
                      En fin, ya estoy aquí, metida de lleno en el experimento. Es un “laboratorio” creado para la ocasión en una vieja granja de piedra rodeada de bosque y montañas. No podría localizarlo. Nadie nos ha informado de dónde nos encontramos. Los cristales opacos del autobús nos impidieron reconocer la ruta. Para colmo, llegamos de noche. Dentro del vehículo nos obligaron a sentarnos separados para evitar que nos comunicáramos. De todas formas, nadie hablaba con nadie. Nos limitábamos a mirarnos unos a otros.
                    Por lo demás, los que forman parte del equipo te sonríen para que te sientas cómodo. Entre tanta sonrisa forzada no encuentro el momento de relajarme. No sé dónde empieza y dónde acaba este experimento. Dudas cuando hablan contigo y cuando te dejan en paz durante horas.
                   Los primeros días me hacía mucha gracia cruzarme en el desayuno con un luchador de sumo vestido con la vestimenta y el peinado tradicional. Me preguntaba qué hacía entre nosotros. Posteriormente nos explicaron que participaba en una prueba sobre reflejos. Nos iba a atacar en el interior de un gimnasio. A oscuras. Con lo cual, todo lo relacionado con su enorme persona dejó de parecerme un chiste. Para colmo, descubrí que no tengo reflejos. Se supone que hay un mecanismo de defensa ancestral archivado en mis genes, que debería haber aflorado. Pero debe de estar muy archivado, porque no esquivé ni un solo golpe. Me tiró al suelo unas quinientas veces. Aún estoy molida. No tengo ni una costilla en su sitio. No pienso detallar el cachondeo del mismo cámara, cuando me tendió una mano para recogerme del suelo.
                    Después de estas pruebas, tengo claro que dentro de una película de terror sería ese personaje torpe que muere en manos del asesino en los primeros quince minutos. Dentro de mí no hay instinto para repeler las agresiones. Pero sí se ha despertado algo: el ansia de venganza. Le he cogido mucha manía al japonés. Me aplastó todo lo que quiso y le odio.
                  Lo que no olvidaron mis genes es el pánico a las serpientes. Precisamente, del terror que tuvo que pasar algún ancestro hace un millón de años me acordé como si fuera ayer. No sé cuántas habían a mi alrededor ¿diez? Estaba sentada en el suelo del gimnasio, tratando aún de recuperarme del luchador, cuando vi los reptiles. Quise ponerme en pie y huir, pero era tarde, uno de esos bichos de más de dos metros empezó a enroscarse por mi cuello. Fue entonces cuando uno de los médicos trató de tranquilizarme, “no te preocupes, no es venenosa”, pero claro, que no mordiera no quiere decir que no fuera a estrangularme. Sufrí un ataque de nervios y me suministraron un tranquilizante. Eso sí, después de sacarme de allí en brazos.
                        Esta noche no puedo dormir. Por lo que he decidido escribir en la cama. Aunque está prohibido.  Después de estas experiencias, tengo miedo. No soy la única.
                       Un compañero se ha colado en mi habitación hace un rato. Se llama Joan. Asegura que el experimento le está desestabilizando. Se ha fumado cuatro cigarros con la ventana abierta y luego ha regresado a su cama. Estaba muy nervioso y pensando en escaparse, cree que nos ocultan algo. He intentado serenarle, le he dicho que no es para tanto. Y que tenga cuidado, es posible que nos graben cuando estamos a solas, sin que lo que sepamos.
                    “Si logramos salir de aquí te invitaré a una cerveza”. La frase de Joan me ha acojonado. Duda de que podamos salir libremente. Creo que él también me oculta algo.





5 comentarios:

  1. Sonia: me está entrando un miedito... Huye. Por patas. ya. Mucho me temo que ni el luchador de sumo ni las serpientes existen (probablemente, tampoco es real el compañero angustiado), y que todo es producto de las cosas inconfesables que te están inyectando. Insisto: SAL. DE. AHÍ.

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  2. A ver Sonia, a mí me parece que estás un poco paranoica, chata. Si te prestas a un "experimento" por el que te van a pagar una cantidad considerable de dinero, pues apechuga con lo que venga, si no, pues no haberte presentado.
    Creo que estás viendo fantasmas por donde no los hay y que simplemente se debe a una situación especial a la que problablemente no te estás sabiendo adaptar. Si realmente estás tan acojonada abandona y a otra cosa, mariposa...

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  3. Fernando, lo voy a intentar. Lo que no sé es cómo...todavía.
    Ojala llevaras razón, Jorge, pero no puedo perder tiempo en discutir, me controlan mil ojos. Amigo, tú no has visto lo que yo he visto...

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  4. Sonia.....cada vez que nombras la cerveza me apetece una...la adoro..
    Aclarado este punto decirte:
    Mmmmm--mmmm...mmmmm....mm.
    ...joder...es que no se.
    Lo del sumo...
    Lo de las serpientes..la acupuntura.
    Parece la peli de Saw...no..??
    ....
    Oye...vigila bien cada prueba.
    Imagino que lo de someteros a situaciones de estress es para establecer precisamente eso, indices o parámetros de resistencia a situaciones extremas...necesitan items con los que elaborar escalas en las que exponer gráficos de progreso. adaptación o dificultad.
    Pero...realmente, para que..??
    Acaso quieren monitorizar el dolor, la ira, el miedo, la angustia, la ansiedad...
    Es ese el objetivo del experimento..?
    A Freddy Crueger y su guante de cuchillas le falta poco para acariciarte la mejilla....
    ...anda y no te duermas....
    ...Suerte Sonia...

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  5. Bueno, este es solo el principio. Ahora la trama se complica un poco. Dormir, dormí poco, la verdad, pero tenía motivos, ¿no te parece?

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