martes, 12 de octubre de 2010

EL PODER DE LA CERVEZA

Me he sometido al influjo de la cerveza. ¡Y ha funcionado! Resulta que un tercio y compañía divertida es la mejor receta para dar carpetazo a más de un asunto de esos que no dejan de rondar por tu cabeza.
              Me he reído tanto que aún me duelen las mandíbulas.
              Resulta que estoy atravesando “una crisis positiva”. Se trata de un estado que ya definió Alfredo Bryce Echenique en su libro “La vida exagerada de Martín Romaña”. Bryce asegura que la superó sentado en un sillón Voltaire, pero a mi me parece que también bebía para olvidar. Además, no hay ninguna pieza de diseño en mi modesto hogar, donde impera un sobrio estilo sueco. De hecho decidí correr hacia la barra a por otro tercio, incapaz de imaginarme cómo debe ser una crisis negativa, lo cual fue motivo de más cachondeo entre mis colegas.
              Uno de mis amigos mantiene que la cerveza, consumida con moderación, mata las neuronas lentas, con lo cual las rápidas se activan e impulsan la agilidad mental, mejorando el rendimiento laboral y creativo. Pero claro, yo he desterrado la moderación de mi mente, la cual navega entre los extremos de casi todo. Arriba o abajo, blanco o negro. Dejando de lado cualquier emoción que te acerque al ansiado equilibrio.
               Pero esta noche estoy arriba, justo al filo de un trampolín. Y todo es blanco. Y me río hasta caerme muerta.
               Por alguna traición del subconsciente alguien me ha recordado a uno de mis ex. Un tipo extraño al que conocí de forma casual y que tras un viaje a París decidí que era una relación imposible. Su mayor preocupación en la ciudad del amor era encontrar un regalo adecuado para su madre, otro para su hermana y otro para su sobrina. Y aquella misión fue agotadora. Lo peor es que tras darle muchas vueltas a su cartera y a unos 400 escaparates se decidió por comprar tres muñecas de porcelana. Enormes y terroríficas. Formaban una especie de trío maquiavélico que me quitó el sueño durante el resto del viaje. Me preguntó si me gustaban. Dije que no, una y otra vez. Pero mi opinión no sirvió de nada, aunque me alegré de no conocer aún a su familia. Por lo visto en sus dormitorios reposaban centenares de esas pequeñas, pálidas y mofletudas.
                Pero lo peor vino después. Dedicó todo su esfuerzo en vigilarlas para que no sufrieran ningún daño.
               El recorrido por el aeropuerto para emprender la vuelta a casa fue una tortura, con las trillizas acomodadas sobre las maletas del carro, al que nadie podía acercarse y protegía con su vida. Mientras aquellos ojillos de las parientes de la familia Monster se abrían y cerraban a través del celofán de sus cajas yo ya tenía muy claro que aquella historia había muerto. Sobre todo, deseaba que nunca, nunca jamás, me hiciera un regalo.
               No sé por qué conté aquel instante de mi vida, que afloró de repente detrás de esa persiana que le echamos al pasado. Pero no sabéis hasta que punto mis inseparables camaradas de cervezas se han reído de mí. Y yo de mí misma.
               Para colmo, aseguran que lo que necesito en este punto de mi vida es ligar. Y además, insisten “con gente normal”.
               ¿Gente “normal”? ¿En qué se diferencian los “normales” del resto? ¿Seré “normal”?
               Creo que necesito otra cerveza.

5 comentarios:

  1. Jajaaja, ha sido muy divertida tu historia. De vez en cuando necesitamos salir y reirnos hasta reventar, lo de ligar... claro, por qué no, con gente normal... bueno, eso ya es otro cantar, jajaja. Un beso y ánimo

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  2. Totalmente de acuerdo en que la cerveza es una buena "quitapenas" aunque sea pasajera...
    Muy graciosa la historia, al susodicho le parecería "normal" el regalito pero a mí también me parecen odiosas y horribles las muñequitas de porcelana.
    Adelante con lo de ligar pero obviamente uno nunca sabe con lo que se va a encontrar...

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  3. Ahí estamos Noemí, dándole vueltas a lo de ligar. Tienes tanta razón...ligar se ha convertido en uno de los grandes misterios de la existencia. Quién sabe con quién te puedes encontrar...Jajaja.

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  4. Surrealista historia la del trío porcelánico que jodió el mito parisino...es para contar, que no para recordar, o si, o al menos no soñar con ello...
    Bien visto creo que el cuarto elemento de porcelana era tu ex..se podría haber auto-regalado y un disparate-andante menos...
    Mmmmm....necesito una cerveza...aún me quedan kikos y pipas de calabaza..( y post por leer..)
    Sonia gracias por la ironía bien administrada...sigo leyendo.

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  5. A esa cerveza que te vas a tomar, invito yo, amigo. Echo la vista atrás del recorrido que llevo escribiendo, gracias a ti y, sinceramente, creo que he ido mejorando. Así que, por favor, ahora no te rindas...jajaja

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